
Cuando visitamos una planta por primera vez, la conversación casi nunca empieza por el secador. Empieza por lo que llega a la báscula. Un secadero que cumple en un día y medio puede quedarse corto justo cuando entra más grano y más húmedo. Y ese es el día en que el jefe de planta recuerda toda la campaña.

Por eso, antes de dibujar nada, hacemos siempre las mismas preguntas:
1️⃣ ¿Qué cultivos se van a secar? El maíz, el girasol y el arroz con cáscara no se secan igual, ni en temperatura ni en procedimiento.

2️⃣ ¿Con qué humedad entra el grano? La media y la máxima. La distancia entre ambas cambia la capacidad real del secadero.

3️⃣ ¿Cuántas toneladas se reciben en el pico de la campaña? No en el promedio del año.

4️⃣ ¿Qué combustible hay disponible? Gas, gasóleo o biomasa. Condiciona el generador de aire caliente y el coste de cada tonelada secada.

5️⃣ ¿Cómo se enfría y se almacena el grano después? Sin un post-secado bien resuelto, la humedad vuelve a subir en el silo y acaba corrigiéndose con sobresecado.

6️⃣ ¿Qué mecanización existe ya en la planta y cuánto espacio queda para crecer?

Con esas respuestas decidimos el tipo de secadero, estático o secador continuo de flujo mixto, y dimensionamos recepción, transporte, secado y almacenamiento como un solo sistema. Después lo fabricamos en nuestro taller de Yéqueda, lo instalamos con equipos propios y lo acompañamos en posventa.
¿Estás preparando un proyecto de secado para la próxima campaña? Escríbenos aquí APISA S.L.U. y empezamos por estas preguntas.
